¿Cabezonería?
Quizás solo sea un asunto de dignidad.
No la mía:
la de mi hermana Maleni,
quien pasó de escuchar
Primero estudia, luego trabaja y, entonces, ya verás, tendrás tu casa
a comprobar que
con 54 años,
nadie
(maticemos: casi nadie)
cree que pueda conseguir esa independencia.
Mientras olvidan de paso que se trata de un derecho de todos
(artículo 47 de la Constitución, ¡ay!),
también de las personas discapacitadas.
¿Ilusiones de iluso?
Quizás solo sea un asunto de dignidad.
La dignidad de mi hermana…
Y la mía propia .
Que veo como una parte importante de mi persona
se oxida
en no sé qué trastero de mí mismo,
en un piso de Vigo,
donde conviven como pueden los miembros de una familia
cuanto menos distinta.
Porque si ya resulta excepcional en nuestros días una familia numerosa
(seis somos en casa),
imagínate si uno de sus miembros,
mi hijo,
padece una discapacidad (parálisis cerebral)
y otro, Maleni,
nació con síndrome de down.
Quizás solo sea un asunto de dignidad.
La dignidad de mi mujer.
Cuya salud se está resintiendo.
Que está al borde del colapso.
Que ya no aguanta más.
Así que hemos tomado una determinación:
en nueve meses
mi hermana va a comenzar una nueva vida independiente.
Una vida independiente
y digna,
nacida de varias dignidades vulneradas.
He pensado un plan…
Te aviso de que puede fracasar.
Puedes acompañarme,
puedes asistir
en directo
al éxito o al fracaso
de mi cabezonería,
de mi ilusión,
de esta iniciativa por la dignidad.