Necesito celebrarlo contigo,
que nos has acompañado.
Esta noche tendré que frotarme los ojos mirando hacia atrás.
Quién iba a decir que mi hermana se independizaría
y se haría autónoma en el mismo año.
Quién imaginaba que bailaría sevillanas
en la inauguración de su negocio, Lamandala,
el mismo día de su cumpleaños.
Quién hubiera adivinado
que entraría dos veces en quirófano
para ayudar a que su corazón
siga marcando los siguientes pasos.
Amiga, amigo, brindemos esta noche.
Yo lo haré con un albariño,
el primero que mi hermana vendió en Lamandala.
Y quizá este vino tenga la clave de esta historia.
No hay vino sin uvas.
Las de esta añada se recolectaron en septiembre de 2024,
al mismo tiempo que mi hermana y Pura
firmaban el contrato de alquiler
de la habitación donde ahora vive mi hermana.
Pero no hay uvas sin viñas.
Los viñedos de los que proceden
tienen, como mi hermana,
cincuenta y tantos años.
Y, como puedes imaginar,
no hay viñas sin madre,
sin tierra. No hay vida sin cuidados.