Cuando mi madre y mi hermana dejaron nuestra casa materna, mi mujer y yo decidimos comprarla y gestionarla como vivienda turística, con una visión muy innovadora que está dando sus frutos.
Esta experiencia fue la que me ayudó a encontrar una posible solución al problema de mi hermana: ¿y si ella tuviera su propia casa y la alquilara como alojamiento turístico, proporcionándole a la vez un trabajo y su propio espacio vital?
Tras un año de búsqueda incansable, decidí compartir mi visión con Pablo, propietario de Anfitriona, una empresa especializada en la gestión de viviendas turísticas con amplia experiencia en el sector.
Cuando le expliqué mi idea, su respuesta resonó con contundencia: “tiene todo el sentido del mundo”. No tardó más de veinticuatro horas en respaldar sus palabras con cifras concretas.
En ese momento, me di cuenta de que estaba perdido. Ya no había excusas. Tocaba ponerse manos a la obra.