Hola:
Tenemos una gran noticia: el martes pasado fue el cumpleaños de mi hermana y lo ha celebrado por todo lo alto, firmando un acuerdo para alquilar una habitación.
Si todo va bien, pronto empezará a convivir con Pura, una mujer con discapacidad y sin familia que hace un tiempo dejó su piso para irse a vivir a una residencia de EVD Galicia (Esclavas de la Virgen Dolorosa).
Ella también quería volver a su hogar y su voluntad se ha unido a la de mi hermana.
Ambas se muestran decididas a empezar juntas esta aventura.
Sí, sí… Podemos decir que, in extremis, lo hemos conseguido.
Gracias a Pura y a las personas que la apoyan en su residencia actual, pronto se podrá independizar.
Venga, adelante, vamos a dar algún salto. Que se escuchen los vítores de alegría.
En este momento tan luminoso me viene una frase a la cabeza.
Al comienzo de esta historia, hace ya nueve meses, mi compañero de viaje literario, Jesús, me animó a ver la película La estrategia del caracol, cuya trama se basa en la lucha de una comunidad de vecinos por defender su casa frente a quienes quieren expropiársela.
Al final de la película, dos de los personajes principales conversan y uno de ellos afirma lo siguiente:
“Llevamos meses trabajando en esto, que ha sido nuestra ilusión toda la vida. Y falta todo por hacer.”
Tuve una especie de iluminación: aquel, seguro, también sería el final de nuestra historia.
Y así ha sido.
Falta todo por hacer.
Y, quién sabe, a lo mejor nos puedes ayudar en lo que queda: la reforma, organizar los apoyos adecuados (tecnológicos y personales), impulsar iniciativas que la ayuden a ser independiente también desde el punto de vista económico…
Aquí se escribe un punto, pero, como otras veces en esta historia, es un punto y… seguimos.