Todo el mundo entiende la idea. No me he inventado nada.
Por un lado está el flipping houses: se compra una vivienda de la época de Cuéntame y se reforma para revalorizarla. Luego, en nuestra propuesta, la alquilamos como vivienda turística.
Por otro lado, está el coliving: un grupo de personas dispuestas a compartir espacios en un mismo edificio, lo que les permite beneficiarse mutuamente de sus capacidades y asumir juntos los gastos de su día a día.
El objetivo en nuestro caso sería favorecer la vida independiente de personas con discapacidad y, por tanto, serían ellos los residentes prioritarios en ese espacio.
Nos gustaría conseguir que fueran, no solo residentes, sino propietarios de su negocio vital, constituyéndose como cooperativa. ¡Y que vayan al notario a firmar! Que para algo tienen su potestad legal.
Lo mejor de todo es que este proyecto se podría replicar, porque salen las cuentas. ¡Toma ya! Esto sí que es bueno.
La receta todavía admite más ingredientes para que salga redonda:
¿Y si las personas con discapacidad se encargan de gestionar las viviendas turísticas bajo la dirección de alguien experimentado en el sector? Llamamos a Pablo de www.anfitriona.es, quien desde el principio vio claro que este proyecto “tiene todo el sentido del mundo”.
¿Y si de la reforma se encargan personas con discapacidad y mujeres que se quieran formar para incorporarse al sector de la construcción? Llamamos a Laura de www.ellaconstruye.com y, de repente, se abrió una nueva puerta a la integración laboral que está poco explorada.
¿Y si para la decoración de los pisos turísticos se aprovecha la capacidad artística de las personas que allí van a vivir? Llamamos a Cristina de www.igualarte.es , y rápidamente puso en acción a los diseñatas, que se pusieron mano a mano con Maleni para pintar un mandala de 2×2 metros que llenará de vida y color la casa.
Y, sí, nos faltan cosas por atar. Es un prototipo. Pero todo, de momento, apunta a que puede encajar a la perfección.