Hace un mes que no os escribo ningún correo.
Y quizás penséis que el proyecto ha estado parado.
Pero no. Ni mucho menos.
Hubo noticias. Muchas.
Algunas malas, que no me apetecía contar.
Momentos en los que quería rendirme.
También las hubo buenas.
In extremis, apareció una nueva oportunidad.
Yo diría que mejor que todas las demás.
Más sencilla y cercana.
Con un nombre propio que, de momento,
tenemos que mantener en el anonimato.
Por eso no os he contado nada.
Porque, de nuevo, nos toca esperar.
La solución está en manos de otros.
Así que nos vinimos a descansar
a nuestra casa de Sevilla,
donde las rosas nunca dejan de florecer.