Mi hermana quería trabajar.
Sus padres le explicaron que tenía que alcanzar esa meta
si quería tener su propia casa.
Y Maleni no lo olvida.
Casi nadie da un duro por ella.
Porque es mayor, discapacitada, mujer y lenta.
Como la tortuga de la fábula.
A su lento paso, pero constante,
despacio, no ha dejado de avanzar.
Ya ha alcanzado algunas metas volantes,
como sus primeras prácticas laborales.
Y se ha sentido en plena forma.
Se ha reafirmado en sus posibilidades.
Además, sus entrenadores han dicho
que lo está haciendo bien en esta carrera.
Sin embargo, la meta final,
el empleo a largo plazo,
parece que no acaba de llegar.
Muchas liebres han pasado a su lado.
Otras duermen en el camino.
Pero ella no las mira.
Está centrada en repetirse día a día:
“yo puedo”, “yo sola”.
Está claro que quiere ser una persona independiente.
Quiere ser autónoma.
¡Caramba!
¿Y si está ahí la clave?
Ofrecer lo que sabe hacer,
buscar quien confíe en ella
y trabajar, con apoyo,
pero por su cuenta.
Ella, la tortuga de esta historia fabulosa,
busca la pancarta de meta que han diseñado otros,
pero nadie le explicó que una posibilidad era
escribir en su propio cartel:
trabajo por cuenta propia.
Y declararse como autónoma…
en todos los sentidos.