Siempre le encantó bailar,
pero desde que llegó a Vigo no lo hacía.
Necesitaba una cosa:
su música.
No parece algo tan difícil; sin embargo
los que sois padres me entenderéis:
con tres niños en casa,
cuando no es uno es otro el que elige la música
que el resto tenemos que escuchar.
Yo hace tiempo que renuncié a reivindicar mi turno.
Mi hermana, también.
Además, en un piso de tres habitaciones,
cuando llegas de sexta inquilina,
tienes que instalarte con lo justo y necesario.
Como sus discos ocupaban demasiado,
pensamos que podría usar su móvil,
y metimos su música en una playlist encapsulada.
Pero no funcionó,
se trata de un artilugio que
maneja con dificultad.
Probamos también con Alexa,
pero la inteligencia artificial no comprendía
sus peticiones.
Al final, depende de que se la pongan otros.
Por suerte, mi hermana
es como una botella de cava,
esperando que alguien la descorche.
La música la lleva dentro
y el proyecto ha conseguido que se ilusione tanto
que ahora, de vez en cuando,
incluso sin música, se pone a bailar.
Ya me imagino
el día de su cumpleaños,
cuando estrenemos La Casa de Maleni
la fiesta que vamos a montar.
Psss, no le digáis nada,
pero he pensado que podemos
regalarle un reproductor precioso
y una estantería llena de discos
que pueda poner en el salón.
Seguro que a sus futuros inquilinos
les va a encantar.