En 1595, Felipe II, que padecía gota y artritis, encargó el diseño de la primera silla de ruedas.
No he podido averiguarlo, pero supongo que la primera persona que pudo tener un asistente personal también sería rey o algo parecido.
Aproximadamente cuatro siglos después, en el 2006, se declaró el derecho a la vida independiente.
Pero para algunas personas no hay vida independiente sin silla de ruedas.
Para otras, como mi hermana, tampoco la hay sin asistente personal.
La de Maleni no podía continuar acompañándola.
Así que toca volver a empezar: una nueva persona, que debe conocer las rutinas, el entorno y el lenguaje de Maleni.
Ella lo vive con naturalidad. Su vida ha dado tantos tumbos que este es un cambio más.
Solo que en esta ocasión hay algo diferente: mi hermana ha recuperado el pleno ejercicio de su capacidad jurídica. Será ella quien firme el contrato como empleadora.
En esta nueva etapa, ilusionante, su asistente personal la acompañará en uno de los momentos más importantes de su vida: su independencia.