Un naranjo y unos rosales

El verano de 2018 mi madre sufrió un ictus. La mitad de su cuerpo quedó paralizado. Ya no podría caminar. Tampoco subir las escaleras de una casa, que padecía su particular «discapacidad», la de no disponer de baño en la planta baja; una casa que, de la noche a la mañana, se quedó deshabitada. En […]